Mientras amanece

Todo está oscuro. El amanecer se hace esperar pero ya, los pocos gallos del vecindario lo anuncian al igual que los primeros autos de los trabajadores que van lejos o empiezan temprano. No soy madrugadora pero llegué anoche y el cerebro anda desconcertado que aún no sabe en qué horario vivir. Cree que son más de las doce y me ha tirado de la cama.

Se despertaron los gallos de los vecinos a mi derecha. Uno con voz ronca, un barítono fumador. El otro le contesta en la octava superior. Tenor, casi haute-contre.

Por la habitación se cuela la brisa de la madrugada. Fresca, agradable, de allá del cerro. Ya los primeros buses empezaron a dar la vuelta. Cambio de sitio. Me voy a la sala y pongo la laptop en el escritorio vacío de la PC familiar. Aquí hay menos brisa. El muro con que cercaron este lado de la casa impide la brisa. Ella se va recto unos diez metros más allá, directo a la terraza de mi hermano. Habrá que hacerle respiradero… Cuando se hizo, se pensó en la “seguridad” de la familia. Se hablaba de guerras entre pandillas en el pueblo.

Sí. A pesar de lo que ha crecido, sigue siendo un pueblo. Ya no hay pescadores… y agricultores, menos. La gente trabaja en la ciudad que está a un tiro de piedra pasando el puente de las Américas. Puente que ya debe de estar empezando a trancarse a la hora que es. Antes del amanecer.

Aún no clarea. Pasa un bus con sonido de avión despegando en el aeropuerto internacional de Tocumen PTY. Las dos matas de plátano duermen sin mover una hoja.

Ya el cielo está clareando. Estoy mirando hacia el norte, noroeste. El sol sale en la Bahía, por el Pacífico. Durante muchos años de mi infancia, tuve las nociones de geografía algo enredadas. ¿Cómo es que el sol sale por el este si en mi casa yo lo veo salir del mar? Y ese mar… ¡es el mar del Sur! Entonces, en mi casa, el sol sale por el Mar del Sur y se va por Cabra que debe de estar al norte, más que al oeste.

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Como siempre. La aurora no te da tiempo. Era de noche y de pronto fue de día. Como el crepúsculo. Hay que merecerlo. No distraerte en otra cosa. Mantener tus ojos y todos tus sentidos pendientes del momento en que pasamos de la total oscuridad a la claridad del día. Tenía que haberme subido al cerro para esperar la llegada de la luz. O irme a la playa. Cuando era pequeña, no había todas esas construcciones y casas alrededor. Se veía salir el astro en la bahía.

Los gallos a mi derecha no han cesado de celebrarlo. Los de la izquierda parece que se han vuelto a dormir. ¿Tendrá esto algún significado en política?

En el país de la accesibilidad según Marie y Juanpi

¿Por qué me gusta leer el Charlie Hebdo cada semana? Supongo que porque muchas de mis preocupaciones sobre el mundo en que vivimos se ven reflejadas en sus páginas. También porque el Charlie siempre ha tenido el talento de afiliarse al talento. Talento de periodistas que saben investigar cuando es necesario, entrevistar…, verdaderos talentos de pluma y caricaturistas de primera.

Cuando recibo el Charlie cada miércoles lo primero que hago es buscar la crónica de Philippe Lançon, herido de gravedad en el atentado del 7 de enero de 2015. Su convalescencia es la crónica de la condición humana. Con pudor y delicadeza cada semana es como si lo acompañáramos un ratito en su caminar hacia un retorno a la vida. Una vida que nunca será la de antes.

Muchos de los artículos del Charlie me dejan con la insastifacción de no poder hacer clic en un “me gusta” o “compartir” . ¡Qué pena que tanta gente no sepa lo que hay en el Charlie! A veces para reír, sonreír, indignarse… siempre para pensar.

Hoy, Marie Darrieussecq, escritora y sicoanalista nos habla en su crónica de un “territorio muy complicado, lleno de gradas, escalones, obstáculos, pisos, niveles, fosos […]: … el territorio de la discapacidad.” Enseguida pensé que Marie es una amiga secreta de Juanpi Dolande, ese panameño tan formidable que cada semana nos cuenta en video “Las aventuras de mi silla y yo”.

Así lo presenta Juanpi cada semana, con un reto a personalidades conocidas para que lo acompañen en sus aventuras en la silla de ruedas.

¡De Panamá a París, la misma vaina! El combate es el mismo y la pelea es peleando. La pelea por la accesibilidad, por la autonomía, por la dignidad de todos.

Marie, como Juanpi, nos habla de accesibilidad, palabra nueva para decir ¿puedo hacer tal trayecto de manera autónoma si camino medianamente bien? Nos aporta un ejemplo preciso con la linea 4 del metro parisiense al cual se le instalaron ascensores – ¡esperanza! – cuando se prolongó la línea hacia el sur. En la puerta del ascensor nuevecito, hay un letrero que dice “puesta en servicio próximamente” es un caso de estudio. Desde hace tres años el letrero está allí, sin moverse. Y no pasa nada. Los usuarios, cansados de la promesa en falso, han tachado “próximamente” y han florecido grafitis más realistas en su lugar: “cuando la rana críe pelo en las caderas”, “el día de San Glin Glin”, “cuando los griegos paguen la deuda”… Pero no pasa nada. Las mamás siguen levantando los cochecitos de sus bebés por las escaleras, los discapacitados evitan el sector, los viejos refunfuñan, los cojos maldicen y los viajeros cargados de maletas tropiezan. Es una vida de barrio caricaturalmente francesa, maldiciendo a responsables difíciles de identificar. Esos ascensores costosos en su caja de vidrio, estáticos desde hace tanto tiempo, se viven como una provocación.

Como Marie, lo suyo es escribir, envió una carta a la administración del Metro de París, la RATP (Régie Autonome des Transports Parisiens). Una consejera de clientela le respondió muy amablemente que su correo había sido de interés y que comprendiendo perfectamente la interrogante, deseaba aportarle algunas explicaciones: “No podemos precisarle una fecha de puesta en servicio del ascensor de la Porte d’Orléans. En efecto, para ser puesto en funcionamiento, este equipo necesita la validación de la inspección seguridad de la empresa responsable de su instalación. Nada impide actualmente la recepción técnica del aparato, pero, para estar en conformidad con las disposiciones reglamentarias en materia de accesibilidad a las Personas de Movilidad Reducida (PMR), un pictograma deberá ser puesto en el ascensor para precisar su accesibilidad a los Utilizadores en Silla de Ruedas (UFR). Sin embargo, exceptuando las estaciones de Mairie de Montrouge y Puerta de Orleans, las demás estaciones de la línea 4 no son accesibles a las PMR. Además, el acondicionamiento de la accesibilidad andén/tren no será realizado hasta que se haga el cambio de todo el material rodante de la línea 4. Por consiguiente, la accesibilidad total entre Puerta de Orleans y Mairie de Montrouge solo podrá ser efectiva en 2019 con la automatización de la línea.

A Marie, todo esto le pareció, a fin de cuentas, gentil pero incomprensible. La persona que había tomado el tiempo de contestar traducía los acrónimos (PMR /UFR), pero por mucho que Marie hubiera estado en algunas UFR (Unidad de Formación y de Investigación), esa “novlengua” se le escapaba. Entendía solamente que, una vez más, los discapacitados tendrían que esperar. Marie consultó con un amigo que sabe hablar el administrativo lo que le ayudó a entender más precisamente que si el UFR  bajara a tomar el metro con el ascensor, nunca más podría subir pues al otro lado, por ahora, NO hay ascensor. El usuario se vería, pues, en un sketch al estilo de Devos, dando vueltas para siempre en el metro. Menos molestos pero exasperados también están los PAP (Padres Con Cochecitos de bebé), VQC (Viejos Que Cojean), EM (Enyesados Momentáneos), VEV (Viajeros Sobrecargados de Maletas) y  ENFANT (Ser Naturalmente Aquejado de Agitación y de Enanismo Transitorio). Todos esperan un “próximamente” que no llega. Por su parte, Marie aprendió que en la novlenguapróximamente” significa dentro de siete u ocho años.

Esto es una adaptación bastante libre del texto que con talento nos entrega Marie Darrieussecq en el Charlie Hebdo del 22 de julio 2015. Para quienes puedan y prefieran acceder al original en la lengua de Molière, aquí se lo dejo, con todo el sabor del verbo de Marie Darrieussecq.

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Charlie Hebdo du 22 juillet 2015

Hacía tiempo quería hablar de Juanpi. Hoy, Marie me obligó a sentarme a escribir, a recoger su lucha. Ellos dos lo dicen todo.

No me consuela que la batalla por la dignidad de todos sea universal. Me consuela que haya seres valientes que no se dan por vencidos. En Panamá veo a pocos en la lucha. En Francia no hay tantos, pero son activos en las redes sociales. Accessible pour tous, todos los días recuerda, a los políticos, las promesas no cumplidas.

El estilo juguetón de Juanpi dará sus frutos. El humor que aparece en el texto de Marie muestran lo absurdo de situaciones increíbles.

La lucha digna de los discapacitados nos concierne a todos y la resignación no puede tener cabida. Es un derecho humano el poder desplazarse libremente cualquiera que sea nuestra condición física, estatus social, género… Hoy, estoy en buen estado de salud, puedo correr, subir escaleras, saltar charcos y fosos… ¿Y mañana? ¿Me veré condenada a quedarme encerrada en casa?

¡No voy!

¡Taxi!

¡Taxi!

  Primera salida. Primer no voy. Por el momento quiero vivir como panameña. No he alquilado un carro para no moverme en los tranques de Panamá y para no tener donde dejarlo cuando quiero bajarme de él en esta ciudad de locura. Siempre he aprendido de las ciudades caminando. Ni los tours en carro o vehículos de turismo, dan la visión que de ellas tienes caminando. Y ya no me sé mi ciudad. Todos dicen que es peligrosa y yo no la siento así. La siento como una ciudad donde hay gente que va a su trabajo y sus quehaceres. Que tienen que moverse por ella y no siempre en las mejores condiciones cualquiera que sea el medio. En mis visitas anteriores me fui con el sentimiento de haber perdido mucho tiempo metida en una lata refrigerada con ruedas y motor. Inmóvil en tranques por doquier. Quiero evitar esa frustración nuevamente.

Los taxis no parecen taxis. Paran, ¡cuando paran! y preguntan – ¿pa onde va? – A Exedra Books en Vía España – digo yo. – No. Yo voy pa’cá – dice indicando la dirección contraria… ¿Balboa? ¿Ancón? Él tiene su ruta, como los buses. Esto es sobre todo en las zonas donde el pueblo se mueve.

Caminar por la ciudad

Caminar por la ciudad

Ya Panamá tiene un alto índice de adultos mayores en su población. De esos que por necesidad quisieran, al salir de la Policlínica del Seguro Social, coger un taxi para evitarse las trampas de las calles del sector. Por suerte no es mi caso y a mi madre también le conviene una caminadita, bien acompañada por la Central. ¿Para qué sufrir? La libertad es el bien más preciado del hombre y… de la mujer. Algunos aún somos libres de caminar. Hasta cierto punto. El Metro Bus tiene paradas cerca. Bajar hasta la Avenida B y coger un Vía España, no me parece complicado. Lo complicado es montarse en el bus cuando los conductores no se arriman bien a la acera o que la acera sale de un bombardeo bosniaco. Sólo para gente joven y alerta. Optamos por caminar de calle 17 hasta la boca del Metro en Plaza 5 de mayo. No está lejos. Sólo hay que mirar donde pones los pies.

P1040135El camino hasta la entrada del Metro desde la Caja del Seguro Social es algo extraño para mí. Da la impresión que los ingenieros, los urbanistas, no previeron todos los itinerarios posibles de los usuarios. No previeron, en particular, la trayectoria y las necesidades de tantos adultos mayores que son gran parte de los principales usuarios del transporte público. No sé cómo hace una persona en silla de ruedas para pasar por las aceras repletas de buhoneros. No hablo de los tantos que veo transitar con andaderas. ¿Cómo hace para saltar aceras e isletas previstas para gente joven y ágil. Busqué los pasos peatonales “de seguridad”. Hay que adivinarlos y en varios casos el salto entre la acera y la calzada era considerable para mi madre a pesar de sus 87 años de caminadora incansable y ágil aún. Por eso hay tanto accidente en esta ciudad. Ya los viejos no tienen derecho a ella.

Bajando al metro de Panamá - Plaza 5 de mayo

Bajando al metro de Panamá – Plaza 5 de mayo

Llegar a la entrada el Metro fue cambiar de mundo. Una escalera larga y empinada. Escaleras eléctricas. Fresco. Decibelios en caída… Salir del cáos para entrar en un espacio fresco y casi silencioso. Un guardia indicó a mi madre dónde tomar el ascensor. La escalera eléctrica, sobre todo en bajada, no es de su predilección. Prefiere la normal. Me acerqué a uno de los expendedores de tarjetas, pensando, pesimista: “Capaz que no funciona”. La pantalla indica clarament como proceder para obtener una tarjeta – dos balboas – y luego cómo ponerle crédito para viajar. Basta con saber leer y tener algo de costumbre de ese tipo de herramientas. Para adultos mayores es bueno prever otro tipo de servicio, con asistencia humana.

Llegando al andén, el tren ya iba de salida. NosIMG_4008 (Conflit de casse) sentamos a esperar el siguiente. Tranquilas, sin ruido, sin sofoco, sin estrés. La espera fue corta. ¿3 minutos? ¿cinco minutos? Casi nada.  Entrar al tren se hace naturalmente sin ningún esfuerzo para personas mayores, madres con hijos pequeños… La gente está tranquila y se comporta con mucha cortesía. Mi madre se sentó enseguida y luego una jovencita en uniforme me cedió su puesto. Efecto de las canas.

De la Plaza cinco de mayo a la salida de Vía Argentina, creo que ni diez minutos. Contando los pocos minutitos que esperamos mientras llegaba el tren. Salimos de aquel túnel fresco al cáos sofocante de la Vías España. Al menos aquí hay aceras y sólo tuvimos que cruzar en la esquina para llegar a Exedra Books. Mi objetivo. ¿Los taxis? Pueden seguir diciendo “¡No voy!”. Yo me monto en el metro de todos los panameños. Realmente cómodo. Realmente rápido. Todo lo confiable que se puede esperar. ¿Hubo sobrecostos, negociados, corrupción en el manejo de las obras? Ya eso es harina de otro costal. Como usuaria, es el transporte que prefiero. Habrá que darle su justo valor.

Pasé un buen rato en la librería para darme cuenta que los escritores panameños no han publicado nada realmente nuevo con motivo del centenario del Canal. Quizás más adelante.

El Metro Bus que tomamos a la vuelta en la parada cercana a Exedra sufre de la pobre infraestructura de la ciudad, si ponemos de lado el drama logístico en ciertos sectores. Las aceras son un verdadero desastre con hoyos, irregularidades dejadas por obras que asfaltaron la calzada pero dejaron las aceras como después de un bombardeo. Para un adulto mayor, el esfuerzo de subir es mayúsculo por la distancia que hay entre la acera y el peldaño del autobús. Sin contar que muchas veces los conductores no se arriman a la acera debido a la zanja que queda entre la calzada y la acera haciendo difícil la subida y, sobre todo, la bajada bastante peligrosa.

Sigue siendo sorprendente ver circular buses chatarra que contribuyen a la contaminación visual, sonora y del aire de manera exagerada. Estoy convencida que en muchos casos, caminando a la sombra, llegas más rápido a tu lugar de destino que metida en un tranque contribuyendo al smog, a la degradación de la calidad de vida de todos.

De Calidonia a San Felipe

Monumento a los héroes de la Patria

Monumento à los héroes de la Patria

Jueves 23 de octubre. Le pedí al taxi que me dejara por la Asamblea Nacional. Aún era temprano. El seguridad a la entrada me dijo que la sesión comenzaba a las 11. ¡Nada madrugadores, nuestros Honorables! Decidí dar una vuelta por el sector mientras llegaba la hora de entrar al Palacio Legislativo. ¿Intento de revivir lo vivido hace ya tantos años? Me encontré con un monumento que yo no conocía. Me hizo pensar, ante todo, en los mártires del 9 de enero de 1964 pero no, es un monumento a todas las luchas por la soberanía, – a los héroes de la Patria – reza la placa. Pasa desapercibido, allí donde está, en ese costado del Palacio Legislativo entre viaductos y tráfico intenso.

Ni millones ni limosnas, queremos justiciaEl Parque Legislativo me dio algo de tristeza, la fuente no funciona. Tan linda que era cuando yo era niña. Al menos, recuerdo un lugar prestigioso, bonito, con esas fuentes y el monumento a Remón. Las esencias de árboles que han puesto allí son árboles relativamente bajos, no han crecido tanto como en otros parques de la ciudad. Claro que ese parque no se puede comparar con el de Santa Ana, cuyos árboles dan tan hermosa sombra, ni con el Parque Omar, mucho más amplio y verde. Los maceteros en las orillas están arruinados, en general. Hay que remover la tierra, añadir un poco para sembrar las flores que faltan y que resultarían muy vistosas allí.

CutarrasUn vendedor de cutarras y sandalias típicas esperaba la clientela en la parte delantera del parque. Me probé unas que me quedaron perfectas y frescas. Me dijo que las hacen en Guararé. Me quedé con ellas puestas y metí mis zapatos en la cartera.

Para dar tiempo, esperando la hora de la sesión de la Asamblea Nacional, decidí meterme en la Biblioteca Nacional. En el primer piso me hicieron mi tarjeta de lectora por B/0.50 anual. Ese piso parece esperar aún trabajos de renovación pero me encantó encontrar aún una fuente de agua fría para el sediento. La sala es inmensa y fresca en contraste con el calor de la calle. Sólo un señor paracía absorto en alguna lectura en una de las mesas. Los ficheros son aún de los antiguos. Pedí un libro de Historia de Panamá. El más reciente. No me convenció. La investigación histórica no es el punto fuerte de la obra. Estaba revisándolo, pensando que ya iba a ser hora de cruzar para la asamblea cuando empezaron a sonar consignas y eslóganes en la calle: “¡Magistrados corruptos, a la cárcel!”. Era un grupo de SUNTRACS aglutinados delante de la reja que había sido cerrada. Cuando se cansaron de gritar, pusieron unas bocinas con el reggae de SUNTRACS. Vi a lo lejos que algunas personas entraban en la asamblea y decidí salir. Antes, subí al segundo donde encontré una sala renovada que contrastaba fuertemente con la primera. Aparentemente, es una sala que fue “donada” por la

Biblioteca Nacional - 2° piso

Biblioteca Nacional – 2° piso

Embajada de Estados Unidos. Libros recientes, nuevos, en exposición. Allí se dictan conferencias también. La encargada me habló de la sala infantil y me acompañó hasta esa sala en la planta baja. Linda sala pero un poco vacía de niños. La señora que la atiende me explicó el funcionamiento. Los maestros pueden traer a sus estudiantes, los padres pueden asistir con sus hijos. Di un vistazo a los libros expuestos y de verdad vale la pena darse una vuelta por ahí con los niños desde antes que sepan leer. Papá o mamá pueden encontrar allí libros que podrán leer a los chicos y familiarizarlos con el mundo de los libros casi gratis. También pueden encontrar referencias si prefieren comprar esos libros para tenerlos en casa.

Antaño, la biblioteca abría hasta las 8 p.m.. Ahora, por estar en “zona roja” ya sólo abren hasta las 6 p.m. me explicó una de las encargadas. Hay tres pisos. Tengo que volver para conocer el último que también tiene computación.

Todo ese sector merece un esfuerzo de restauración, la cultura debe estar cerca de la gente que más la necesita y hacer una campaña de popularización de las bibliotecas tanto para estudiantes como para las familias y el público en general. La sala infantil responde por sus equipamientos a ese propósito, al menos en apariencia. Falta quizás, el trabajo con el público. Una biblioteca acogedora puede ser tan interesante como ir a dar vueltas por un Mall, pienso yo.

Paso cerrado

Cerrado el paso

Pero no me olvido de mi idea de entrar a la Asamblea, así que salgo con ese propósito. Los SUNTRACS seguían allí. Se habían cerrado todos los accesos a la asamblea. Imposible entrar. Por despecho me fui a conversar con ellos. Un señor muy amable me explicó que estaban haciéndose notar por un caso de asesinato de un trabajador acaecido en 2007 – del que, en efecto, encontré referencias en publicaciones serias como el Observatorio para la protección de los defensores de derechos humanos. – Sin embarco, para los sindicalistas, lo más penoso es que la condena al asesino fue anulada varios años después por vicios “de forma”. Ellos claman justicia y acusan a los jueces que tomaron tal decisión de corrupción.

Mientras conversaba con el grupo de SUNTRACS, vimos varios patrullas cerrar la calle en el cruce con la avenida Central. Decidí que era mejor seguir mis vacaciones estudiosas por otro lado y me despedí del grupo. Pero como andaba en mi onda de vidagena ese día, no resistí a la tentación de acercarme a los agentes pues me pareció extraño que fueran ellos quienes obstruyeran la vía cuando los manifestantes la habían dejado abierta hasta entonces. El agente, muy serio, me dijo que ellos cerraban la vía por seguridad. Sí, pero los carros pasaban con normalidad hasta ahora, qué pena para los que tenían que pasar por ahí, le dije. Es que hay que tener cuidado, contestó con cara de pocos amigos, “esos tipos son MUY peligrosos”. Me fui pensando lo que pensé en dirección al Casco Viejo, caminando como siempre lo hice por toda la Avenida Central, sin pensar en lo peligroso que es, según dicen ahora, salir de su casa en vez de quedarse mirando novelas…

***

“Propiedad Privada”

La Pollera - Santa Ana - Salsipuedes

La Pollera – Santa Ana – Salsipuedes

 Mis sandalias guarareñas me llevaron por toda la Central hasta Santa Ana. Me alegró ver que el sector de la Plaza ha cambiado un poco. En particular el edificio que está en la esquina de Salsipuedes. Cada año, al pasar por el sector me daba tristeza ver lo abandonado que estaba. La Pollera, se llama, creo. Está hecho una belleza. Llegué hasta allí al mismo tiempo que un grupo de personas importantes que parecían estar visitando esa parte de la ciudad. Me temí que fueran promotores inmobiliarios. Vi que eran VIP porque varios patrullas y policías parecían escoltar al grupo. No me atreví a sacar fotos. Casi todos eran hombres. Doblaron por la bajada de Salsipuedes y por poco me voy detrás. Pero no. Quería llegar a San Felipe y disfrutar de mi paseo a mi aire.

Curiosa, me averigüé con uno de los agentes que me dijo que era una comisión de la alcaldía de Bogotá en visita al Municipio de Panamá. No vi o no reconocí a nuestro alcalde pero tampoco me puse a mirarlos con demasiado descaro. Ese día andaba en mi onda metiche, pero algo me queda de la educación que me dio mi madre. Ella siempre dice: “la curiosidad mató al gato”. Bueno yo siempre he pensado que la curiosidad es la base del progreso científico.

P1040149Siguiendo la ruta hacia Catedral desde Santa Ana, llegué a la esquina de la foto. Estaba esa señora agarrada al poste del semáforo que se ve al frente, sin atreverse a bajar la acera un poco alta para ella por su equilibrio precario. No me dí cuenta a tiempo de que estaba pidiendo ayuda. Yo llegaba de atrás. Dos jovencitos se encontraban en la acera de enfrente y uno de ellos cruzó la calle para ayudarla a cruzar. Capté el final de ese cruce. Esta

Aceras en Casco Viejo

Aceras en Casco Viejo

señora confirmaba mi impresión de que las aceras, los cruces están diseñados sólo para gente joven y ágil. La esperé de este lado de la acera y me excusé diciéndole que yo no me había dado cuenta de que necesitaba ayuda. Empezó a hablarme del costo de las compritas que acababa de hacer: un rollo de papel higiénico y medio molde de pan, andaba por los cuatro Balboas o algo así. ¡Un escándalo! Compadecí a las personas que como ella no pueden ir más allá que al chino de la esquina para comprar dos o tres cositas.

– Bueno, ya que usted está aquí, me va a ayudar a abrir la puerta. – me dijo entregándome las llaves de su casa.

Casi me asusté. Esa señora de seguro ha vivido en el mismo lugar por décadas… allí, en esa parte de la avenida Central frente a la Lotería… ¡y no le teme a los desconocidos! ¿Quién le garantizaba que yo no iba a aprovecharme para entrar en su casa y hacer cualquier desbarajuste? Ella es como yo. Queremos seguir creyendo en el prójimo. Queremos seguir creyendo que hay gente buena en Panamá. ¡Y tiene razón!

***

San Felipe se está poniendo bonito. Ojalá que las restauraciones en curso conserven el carácter de nuestro barrio histórico colonial. Ojalá también que no sigamos echando a los panameños hacia barrios y comunidades cada vez más alejadas de los centros de trabajo y que conservemos grupos sociales mixtos que se compenetren unos con otros y que así son el tejido comunitario que produce la riqueza de la Nación. Mescolanza que es fuente de paz.

Por ahora no lo veo. Lo que veo en todas partes son barrios y casas detrás de rejas y murallas, calles cerradas donde no se puede transitar sin invitación de los moradores. El “dominio público” se reduce cada vez más, aún en plena ciudad. Ninguno de esos barrios de nuevos ricos me producen envidia.

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Almorcé en un restaurante frente al Palacio Simón Bolívar, la actual Cancillería. Después de dar otras vueltas, decidí volver por calle cuarta pensando sacarle una foto al Palacio de las Garzas, nuestra Presidencia de la República y seguir hacia el antiguo terraplén. Me encontré con la barrera. Y con los guardias.

– ¿Puedo pasar?

– No. Por aquí no se puede pasar.

– ¿Por qué? – Necia que soy -.

– Porque esto aquí es privado.

– ¿Cóómo? ¿Privado? ¿Esto no es la Presidencia?

– Sí.

– Entonces no es privado. ¡La Presidencia es mía, ciudadana panameña! – ¡qué rabia! –

Bueno sí, pero me quedé con las ganas de pasar y admirar la arquitectura del Palacio Presidencial y seguir por la orilla de la bahía… como antaño… Sólo me quedé con esto…