Las brujas rústicas

El problema de algunas brujas es que son tan rústicas que ni siquiera son capaces de darse cuenta de lo brujas que son. No voy a decir que no haya brujas hermosas como las imaginara el gran poeta José Agustín Goytisolo. También hay brujas inteligentes, astutas. Esas que te embrujan con su poder de seducción tanto por su belleza interior como exterior.

Pero también hay brujas rústicas – que a veces son hermosas – de esas que hacen daño y que disfrutan haciendo daño a otro con tal de sacar ellas un pinche beneficio. Así es la bruja de mi cuento. Un cuento que no es un cuento porque hubo que librar batalla para sacar a una criaturita inocente de sus garras.

Esta bruja rústica salió un día de Chiriquí, según cuentan los viejos que la conocían, era una chiquilla muy adelantadita en cosas de la carne. No sabemos cómo fue ni qué pasó pero en pocos años tuvo tres hijos con una muchacho que se dejó embrujar. Cosas que pasan. Nada grave. Hasta parecía muy positivo pues parecía estabilizarse en una relación. Pero era una bruja rústica. Era una bruja inestable. ¡Tres muchachos varones, eso es mucho! ¡Hay que cambiar de vida! Vio en la tele que por las Europas se vivía mejor. Algunas amigas o conocidas se habían ido de empleadas domésticas o en otras actividades “lucrativas” que les permitía enviar dineros – en euros, por favor! – a la familia quedada por allá por el pueblo.

— ¡Aquí no hay nada! – dijo la bruja rústica. Tengo que salir de este hueco a ganar dineros por el mundo.

Para las brujas rústicas el dinero es más importante que todo. Con eso se logra todo. Se compra todo.

Así, un día, la bruja rústica, ya un poco ajadita por sus tres partos pero aún de buen ver – es que no era fea y aún le queda algo de esa hermosura – hizo sus maletas y se largó para España.

¿Con qué plata y qué dinero? Con cascarita de huevo.

Las brujas rústicas siempre encuentran pretextos para todo. Siempre tienen buenas razones y su generosidad es inmensa. ¿Emigrar de Panamá hacia Europa? – ¡Eso está lejos! – dijeron algunos, sin comprender. La Bruja rústica contestó que debía ganar dinero para ofrecer un mejor futuro a sus hijos. Y empleada doméstica en Europa tiene más caché que empleada doméstica en Panamá. Desde cierto punto de vista  no le faltaba razón.

– ¿Y tus hijos? – le dijo otro. – ¿Cómo puedes abandonarlos? El más chiquito tiene solo cinco años y el mayor está adolescente. Ellos te necesitan.

-Ahí está el papa. ¡Que él se encargue! – decretó la bruja y se montó en su avión porque era una bruja moderna sin escoba.

Pasaron los años, los chicos fueron creciendo como podían porque así es la naturaleza. Árboles sin la hortelana que les pusiera la estaca y los podara de vez en cuando. Un papá jardinero de niños que hacía lo que podía en cuanto a educación.

La bruja por las Europas se había casado y descasado dos o tres veces. No se sabe muy bien. Ahora estaba en Francia con su último casamiento. Un español embrujado que de vez en cuando se emputaba cuando las brujerías lo sacaban de quicio. A la bruja se le metió en la cabeza que Francia era la gran oportunidad para sus hijos. Y qué lindo sería que el segundo, aquél que había dejado de doce años y que prontito había abandonado la escuela, se viniera con su pareja – que estaba embarazada – a dar a luz a Francia. ¡Así la nieta sería francesa y eso les facilitaría la instalación en el país!  Llegar a ser ciudadano europeo, como ella, ahora. ¡Lo máximo! El chico era un Nini. Para él allá o acá daba igual.Pero esa nuera tan malagradecida se negó. Su niña nacería en Panamá. Para ser más precisos, en aquella República de Chiriquí, orgullosa y altiva. ¿Esa muchacha que se creía? ¿Que la bruja iba a desistir en su proyecto de que sus hijos y su nieta fueran “europeos”?

– ¡Vas a ver lo que es bueno! – se dijo la bruja para sus adentros. – ¡Esa chiquilla no sabe quién soy yo!

Nació Elise, una niña hermosa y alegre como los panameños saben hacer. Pasaron los meses. Tres años pasaron y la pareja naufragaba. El padre de 22 años, aún en su adolescencia mental era el “NiNi” clásico que conocemos en Panamá y que en otros lados llaman de otra manera. El chico ni estudiaba, ni trabajaba. Vivía de sus “rentas”. Lo que le enviara mamá europea y lo que le diera papá con quien vivía. La pareja se iba al traste. Malo para los proyectos de la Bruja de buenas intenciones. Elise ya tenía más de dos años y aún no la había visto más que en fotos.

Usó de todas sus artes de persuación – de manipulación. Las brujas saben ser suaves y persuasivas cuando quieren sobre todo con jóvenes sin experiencia de la vida. La mamá de Elise aún no había cumplido los 22 años – y logró convercerlos de que vinieran a visitarla a Francia, para conocer, visitar, que aprendieran francés que eso puede servir y si les gustaba, entonces hacer lo necesario para instalarse acá y tener la residencia y hasta la nacionalidad. Y que además, a lo mejor, las cosas se arreglaban con este viaje para la parejita que estaba a punto de colapsar. Aceptaron la oferta. La Bruja corría con todos los gastos. También el padre del NiNi participó, deseoso que estaba de mandarlo lejos.

Así llegó la parejita a Europa. La bruja había afilado sus garras.

-¡Esa linda nieta es para mí! Mi sueño… ¡Una niña mujer! Linda, sonriente…

Elise

Je ne comprends pas ce qui se passe. Où elle est maman ? Elle n’est plus là. La dernière fois, c’est mon oncle qui m’a attrapé et cette grand-mère que je ne connaissais pas avant qui m’ont mis dans la voiture. Elle a crié. Elle pleurait. Je ne elise2016-11-10-photo-00000032pouvais pas la consoler. Après, c’était terrible ! Je ne voulais pas entendre. Et maintenant, maman n’est plus là.  Où qu’elle est maman ? Elle est peut-être perdue ? Est-ce qu’elle est partie sans moi chez-nous, là bas, dans la belle maison de mamie Margarita ?

Je voudrais vraiment voir ma maman !  Comment va-t-elle faire pour nous retrouver ? Papa lui a peut-être dit que nous allions déménager ? Ça fait longtemps maintenant ! Elle m’a peut-être oubliée… Je veux maman mais je suis trop petite pour aller la chercher.

Pourtant, tout avait bien commencé. Nous allons faire un beau voyage, a dit maman. Nous allons rendre visite à la grand-mère Elisabeth en France. C’est loin mais c’est beau la France ! Papa était tout content. Tu penses ! Ça faisait très longtemps que sa maman a lui était partie loin, très loin et maintenant, elle nous invitait tous les trois à venir la rejoindre pour quelque temps. Peut-être que ce voyage ferait du bien à papa et maman qui se disputaient tout le temps. Peut-être qu’on pourrait tous toujours rester ensemble. J’étais quand même triste de quitter mamie Margarita. Mais on allait se promener. On allait prendre la voiture et après un avion. Il était grand, cet avion ! Et ça a duré longtemps sans pouvoir sortir. J’aime me promener en voiture et l’avion c’est bien aussi.

Et puis, j’ai eu un peu mal aux oreilles et enfin maman a dit : “Ça y est, mon bébé, on va sortir”. J’étais très fatiguée. Je voulais mon lit chez nous ou chez mamie Margarita, dans ma jolie chambre.

La dame qui nous attendait voulait m’embrasser. Je ne l’avais jamais vue. On m’a dit que c’était la abuela Elisabeth.  Nous sommes allés chez-elle.

Un jour, il y a eu beaucoup de bruit. Les adultes parlaient très fort. La grand-mère Elisabeth et papa avaient bu. Pas maman. Elle est partie dans la chambre avec moi. Depuis rien n’allait plus. Maman a dit qu’elle voulait rentrer chez-nous. Moi, je veux rester avec maman.

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2 septembre. Que vais-je faire ? Me voilà à la rue sans ma fille. Je me suis défendue comme j’ai pu, j’ai frappé, j’ai crié, j’ai griffé… mais ils étaient trois contre moi seule. Ils ont pris Elise et je n’ai rien pu faire. J’irai me plaindre à la police – ai-je réussi à crier quand ils s’éloignaient en voiture.

Ne pas parler la langue du pays, quel handicap ! Je suis allée à la police, ils sont arrivés aussi, je pense qu’ils ont eu peur. Les policiers n’ont rien voulu savoir. Des étrangers qui ne parlent pas la langue… et puis quoi encore ! Le Panama ? Pff ! Si maintenant il faut s’occuper de gens qui viennent de pays qu’on ne sait même pas qu’ils existent ! Allez ouste ! Bon, d’accord ! La petite veut aller avec sa maman, elle reste avec sa maman aujourd’hui et demain son père revient la garder. Un jour l’un et un jour l’autre. Et attention ! Celui qui ne respecte pas cette décision il aura affaire à nous !

Le lendemain, il est revenu reprendre “son tour” de garde avec Élise. J’y ai cru. J’ai quitté l’appartement et me suis réfugiée chez des amies rencontrés lors de promenades au parc. Je ne saurai jamais assez remercier ces femmes, rencontrées par hasard au parc avec Elise. Des mexicaines de Belfort, avec des enfants jeunes comme mon Élise.

Quand je suis revenue, il n’y avait plus personne. Le propriétaire m’a dit que le bail avait été résilié. Je sais où ils sont ! Chez-elle ! Chez Elisabeth, à Croix. C’est un village perdu à la frontière suisse, je ne sais pas comment y aller par moi-même. J’y suis déjà allée mais toujours en voiture et c’est toujours Elisabeth qui conduisait. Aucun point de repère sauf google map.

3 septembre. Septembre noir.

Je retourne au Commissariat.

Rien à faire ! Ce n’est pas leur problème, ils ne peuvent rien faire, voilà, voilà… Non, rien !

Je suis seule. Je n’ai pas de ressources. J’appelle maman. Je raconte. Elle est effondrée. Elle a tellement essayé de me dissuader de faire ce voyage ! Elle savait.

– Bon, ma fille, tu tiens bon, je t’envoie de l’argent pour survivre, mais tu retrouves ta fille !

Pauvre maman ! Elle a toujours tout fait pour moi, sa poupée, sa fille unique ! Et moi, je perds ma fille à Belfort ! Une petite ville à l’autre bout du monde !

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Si tu voyais maman comme elle est jolie mon école ! Elle est petite et il faut aller en voiture ou en car parce que ce n’est pas dans le même village de grand-mère Elisabeth. C’est dans un autre village. Tu sais maman, je t’explique : dans l’école du village d’Élisabeth l’école est trop petite, alors il n’y a que les grands de 10 et 12 ans, dans d’autres villages, je ne plus comment, il y a les 5 -6 ans, les 7 – 9 ans et ici, c’est nous, les petits de 3 et 4 ans avec la maîtresse qui est vraiment gentille. Il y a aussi une autre dame qui nous aide quand on doit aller faire pipi mais aussi pour dessiner. J’apprends à parler avec les autres. J’apprends de nouveaux mots. Je dessine, j’écris, je joue avec les copains et les copines. Je suis contente à l’école! J’oublie que tu n’es pas là. Tu viendras peut-être me chercher aujourd’hui? Mes mots pour toi, je vais les oublier ? Je ne sais plus. Il faut que tu reviennes vite, maman ! J’aime bien l’école, elle est claire et la maîtresse est vraiment gentille mais la maison de grand-mère est triste sans toi. Quand je reviens de l’école je pense que je vais te trouver mais tu n’es toujours pas là.

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Perdue. Je ne comprends rien. Je suis allée partout. On m’a dit d’aller à la Préfecture. Ils ont pris une mesure d’interdiction de sortie du territoire pour le père de mon enfant, mais ça n’est que temporaire. Et maintenant comment je fais pour retrouver mon Elise ? Quelqu’un m’a dit d’aller dans un bureau, il était question de droit, de conseil… Une dame très aimable m’a donné des documents et j’ai compris que je devais aller à la police avec ça. J’y suis allée, j’y ai donné mes papiers, mais il ne s’est rien passé. Ce n’était pas ça qu’il fallait faire. Perdue. Perdue et sans ma fille.

Novembre arrive et j’en suis au même point. Tante Ana m’appelle depuis le Panama, elle est avec une dame qui habite en France depuis longtemps. Je suis tellement affolée que j’arrive à peine à mettre en ordre mes idées pour expliquer ce qui m’arrive et raconter les démarches infructueuses faites jusque là. Ça paraît une histoire de fous. J’espère ne pas devenir folle, moi!

D’accord, a-t-elle dit, nous allons reprendre les choses dans l’ordre. La première chose à faire est de porter plainte pour enlèvement d’enfant… Ça marchera ou ça ne marchera pas, mais il faut faire quelque chose… Ce sera sûrement long mais ça suffit de se cogner contre les murs dans une chambre noire et sans issue.

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Ils sont bien surpris. Ils ont cru que j’allais me laisser abattre, renoncer à ma fille… Les voilà bien étonnés d’être convoqués pour audition à la gendarmerie. Ordre du Procureur. Ma plainte a été reçue et accueillie favorablement. J’ai été appelée à raconter les faits et nous venons d’apprendre que lui aussi, a été entendu par les gendarmes. Il a dû être bien surpris. Il ne s’attendait pas à me voir encore. Il a cru que je serais faible, que je n’aurais personne sur qui compter. Il s’est lourdement trompé. On verra ce qu’on verra. Je ne partirai pas d’ici sans ma fille… Il a des droits, d’accord, mais moi aussi.

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On s’est couchés tard. Je ne voulais pas dormir ! Je n’aime pas dormir quand maman n’est pas là. Je suis fatiguée. Papa et grand-mère ont dit qu’il fallait y aller. Elle m’a mis ma belle robe de princesse et les petites chaussures de princesse. Je ne veux pas marcher dans la rue. Il fait trop froid et j’ai mal aux pieds.

Nous arrivons dans un lieu que je ne connais pas. Qu’est-ce que je vois ? C’est maman ! Elle img_5527est là ! Je veux descendre. Papa me pose à terre. Je cours vers maman. Elle me serre dans ses bras, tout contre elle. J’entends à nouveau sa voix qui me dit qu’elle m’aime. Je suis contente. Maman est là ! On entre dans un bureau avec des dames. Papa a l’air triste mais je suis contente de voir ma maman. Après, il m’a fait un bisou, il a dit au revoir et il est parti. Au revoir papa ! Nous, on est restées encore avec les dames.

On sort. Tiens ! Bizarre ! on va dans une voiture qui n’est pas celle de grand-mère Elisabeth. C’est une dame que je ne connais pas qui conduit. Il y a un siège pour moi mais pas comme dans la voiture de grand-mère. Mais maman est avec moi ! On rigole toutes les deux sans s’arrêter et la voiture file sur l’autoroute. L’auto s’arrête enfin. C’est une nouvelle maison. Un grand monsieur attend devant la porte. C’est peut-être Papa Noël, je trouve qu’il lui ressemble. Oui, je crois que c’est lui. C’est papa Noël. Dans son atelier il a plein de joujous… Et la dame de la voiture c’est Mamie Noël. Et je suis avec maman… Mais… où est-ce qu’ils sont les enfants ? Comment ?! Ils sont pas là ? Il faut aller les chercher ! On va au parc ?

Mi canasto de eneldo

Ya amaneció. Por la contraventana entornada se cuela la claridad del cielo. Es pleno día… ¿qué hora es? Ah, no… ¡qué temprano! Apenas las 5:40 de la mañana pero estamos en junio y en el hemisferio norte. ¿Pero qué hago yo despierta tan temprano? Veo el mensaje de mi hermana en el Whatsapp “ya llegamos a la casa de la Mesa”. Tres mujeres, tres generaciones para pasar el fin de semana lejos de la ciudad. Me alegro. En Panamá aún no es medianoche del viernes y yo ya me estoy levantando el sábado. Me acecha la esquizofrenia. El cuerpo aquí, la mente allá. Una parte del corazón de cada lado del Atlántico. Algunos días me curo y dejo de vivir allá para disfrutar de mi aquí.

¿Qué me dice el Tuíter? Que  De Lima dice que él no fue. Que le cambien la medida cautelar. Unos a favor, otros en contra. ¿A cuántos más hay que investigar? Se hace el balance del primer año de gobierno del Presidente… los atentados, asesinatos horrendos en Francia, en Túnez, en Koweit… y alguna mujer masacrada por su pareja en cualquier parte.

Bueno, ya está bien. ¡A desayunar! tomarse un café, preparar la mochila y arrancar. Hoy me toca ir a ayudar a mis productores de hortalizas a 40 kilómetros de aquí. ¡A moverse! La agricultura es madrugadora, yo no.

¿Cómo dice? ¿Que desde cuando yo soy agricultora? Pues nada. Desde que decidí hacerme miembro de algo que por hoy voy a llamar una cooperativa entre productores y consumidores. El “canasto de eneldo”. Antes, ¡ni sabía lo que era el eneldo y nunca había comido hinojos! Creo que en España lo llaman “grupos de consumo” o algo asÍ. Estoy aprendiendo desde que decidí que no basta con comer productos orgánicos de buena calidad, sino que además, es mejor si se producen a una distancia razonable de mi casa. En circuito corto, del productor al consumidor en el marco de una relación solidaria y no puramente comercial. Me gusta sentir que soy parte de un proyecto de salud pública y de economía solidaria. También me gusta contribuír a que los que producen mis alimentos se ganen la vida decentemente como cualquier otro profesional. Todos los productores del grupo son gente joven pocos necesitan nuestra ayuda en ciertos momentos del año.

A ver, la mochila. Una cantimplora, un bloque de hielo para refrescar, un emparedado, un banano. ¿Qué falta? ¡Hum, que no se quede el sombrero, lo voy a necesitar! ¡Andando!

Siempre temo perderme. Antaño, vine muchas veces a varios pueblos del sector, cuando cantaba en el Coro Universitario y dábamos conciertos donde nos invitaban. Pero ya no conozco la ruta. Las han cambiado. Han puesto desviaciones para evitar pasar por los pueblos que hay en el camino. Es más rápido, pero siempre temo enredarme. Tengo que ir mirando los letreros. ¡Por suerte los hay, no como en Panamá!

– Oiga, por favor, ¿para ir al Rincón de la Palma es por aquí?

– Sí, cómo no. Siga al busito de colegiales. Él va pa’ allá.

El busito se sabía muy bien la ruta y se conocía todos los cráteres del camino, enseguida entendí que los zig-zag que hacía no era porque estuviera borracho. Parece que ahora la carretera está buena.

En el auto, las noticias siguen dando detalles de los atentados. La monstruosidad de una decapitación en Francia. ¿Por qué ese empresario acabó sus días así? ¿Por ser el patrón del asesino? ¿Por qué un individo pone a su familia en semejante trance de verse señalada? Su madre, su hermana, su esposa, sus hijos… Todo eso es agua para el molino de la extrema derecha francesa. Puerto El Kantaoui, Túnez, lugar hermoso donde mis hijos conocieron la primera experiencia de buceo con botella. Estamos destruyendo el planeta. El hombre sigue auto destruyéndose, por sed de poder, de dominación, de dinero, oro, petróleo…

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Ya estoy… son las 8 a.m. Nunca he llegado tan temprano.  Todo tranquilo. Hortalizas para allá, hortalizas para acá. Los invernaderos de los tomates, pepinos, berenjenas… Ahí viene Fred.

– Hola, Fred, ¿qué hacemos hoy?

– Vamos a desherbar las coles…

¡Ah, los repollos! La mala hierba… En agricultura orgánica, la hierba se saca a mano… cero herbicida… cero Monsanto. ¡Cóncholes! se me olvidaron los guantes después, ¡quién recupera esas uñas negras..!

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Somos 4 en las líneas de repollos. A mis años, las rodillas no resisten la posición en cuclillas y si me arrodillo durante 10 minutos, luego, desboblar el cuerpo es un tormento indecible. La solución es el fitness. ¡Un, dos, un dos…! Piernas separadas, rodillas flexibles, uno ¡abajo! agarras la mala hierba entre las coles ¡arriba! la tiras donde te dijo Fred. Un, dos… sí, ya sé. En el gimnasio, los ejercicios duran una hora, aquí es gratis y duran toda la mañana. ¡Un, dos…!

– Chicas, son las 12:30, ya han trabajado bastante. Vamos a tomarnos una cerveza.

Con razón ya no siento las piernas, las rodillas, los muslos, la cadera… ¡Estoy hecha leña!

Sentados en la terraza de la granja, la cerveza del artesano cervecero miembro de nuestro grupo me sabe a gloria. Estoy hecha leña pero contenta. Aprendí muchas cosas hoy. Las pulgas y los pulgones, las mariposas blancas que están buscando donde poner sus larvas golosas, los insectos auxiliares, orugas y mariquitas… Me enteré de la inquietud por las plagas y la razón del uso muy limitado de fitosanitarios.

–  Mira, aquí están las larvas de esa pulga negra.

– Y ¿qué vas a hacer? ¿Les vas a poner algo?

– La decisión no es sencilla. Para esta plaga existe un producto autorizado en agricultura orgánica pero no es un producto selectivo. Vas a matar una parte de las larvas ¡no todas! pero al mismo tiempo vas a afectar a los insectos auxiliares. Sin contar que mientras más fitosanitarios usas, más se refuerza la resistencia de los insectos.

– ¿Entonces?

– Creo que no haremos nada. Vamos a esperar que los insectos auxiliares, – ¿viste que hay bastantes? – puedan ayudar a defender las coles.

Preservar la fauna auxiliar de la agricultura es primordial. Estoy hecha leña, ¡ayyy!  Sé lo que valen mis hortalizas, y valen más que lo que cuestan. Estoy hecha leña pero hoy contribuí con mi granito de arena por el planeta, por alimentar sanamente a mi familia, contra la industria agroalimentaria, contra los aditivos y la comida chatarra, contra los intermediarios, contra Monsanto…

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Jeanne Antide Thouret parmi les acteurs de la Révolution au pays de Sancey

J’aime les histoires et j’aime l’Histoire quand elle concerne les Hommes et que l’on voit apparaître leurs vies dans la réalité du quotidien. La Révolution française que je ne connais que de façon scolaire et superficielle est une véritable mine pleine de trésors encore à débusquer. Ce travail reste un terrain de jeu passionnant pour certains chercheurs, historiens professionnels et amateurs.

C’est le cas de cet ouvrage autour de Jeanne Antide Thouret, figure comtoise emblématique de l’Église catholique régionale.  Agréable à lire, ce travail passionnant, tant par la méthodologie que par le contenu, vient faire oeuvre culturelle, enrichissant une figure d’emblée sympathique, issue de cette paysannerie où les jeunes filles pouvaientt espérer une certaines éducation grâce à l’Église.

Que savais-je de Jeannne Antide Thouret ? Pas grand-chose, n’étant ni dévote ni originaire de la région. Sa Basilique à Sancey-le-long, lieu de pèlerinage pour les uns, de recueillement pour d’autres a été pour moi un endroit agréable de promenades et de chant choral lors de séjours avec ma chorale universitaire. J’ai eu a rencontrer, quelquefois, des soeurs italiennes à Besançon, lieu où la fondatrice créa la congrégation. Elles y venaient pour apprendre le français et partir en mission en zones francophones…

Mais ce n’est pas tant la figure de Jeanne Antide qui est le personnage principal de cet ouvrage. C’est le peuple de cette France profonde en cette période troublée et dont le portrait est fait grâce aux documents d’archives précieusement conservés.

On perçoit, les contradictions entre certains éléments de la légende et les documents qui font l’Histoire. Quelle a été la vie de cette religieuse durant la période révolutionnaire réputée par certains auteurs avoir été une période noire pour les catholiques ? Étaient-ils systématiquement persécutés et exécutés du seul fait de leur foi réligieuse ? L’ouvrage apporte quelques éclairages sur la question.

À travers les figures des Péseux, Thouret, Prudham et tant d’autres acteurs révolutionnaires, l’auteur nous permet d’approcher la vie des gens, les difficultés sanitaires, éducatives, les enjeux politiques et sociaux… à travers leurs voix qui résonnent dans ses pages grâce aux documents des Archives Départementales du Doubs. On se promène dans toute la région du Val de Sancey et le château de Belvoir, lieu de mémoire, est le théâtre de bien des rebondissements. On a envie de savoir la suite.

Vous connaissez l’histoire parisienne de la Révolution? Revenez à l’histoire du Terroir. Moi, j’ai lu l’ouvrage sur Jeanne Antide et les révolutionnaires de Sancey comme un roman.

Références: Bernard Prudham http://bernardprudhampublications.neowordpress.fr/