Caminar es vivir

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Aceras en Casco Viejo

Soy caminadora. No es solo por gusto, también por necesidad. Caminar me limpia el cerebro, hace circular la sangre, elimina toxinas, multiplica anticuerpos, disuelve las frustraciones y da energía.

La desgracia más grande es vivir en un lugar donde tienes que pensarlo dos veces para salir a caminar un rato.

En Panamá, parece, se ha perdido la costumbre de caminar. ¿Desde cuándo? No lo sé. El clima, dicen. Parece que es nuevo.

Recuerdo a mi abuela caminando por la playa desde Kobee donde trabajaba para familias gringas hasta su casa en Veracruz. No hace tanto, mi madre que ya va rondando los 90 hacía su circuito de las Iglesias del Casco Viejo y las chiquillas de 20 años menos

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Santa Ana y sus árboles hermosos de siempre.

que ella no le seguían el paso. ¡Esa señora sí que camina!

Ahora ya, de tanta insistencia de quienes queremos cuidarla, se siente menos segura y procura salir en compañía cuando sale a pie desde su casa en Veracruz. Sí. Tenemos la mala suerte de vivir en Veracruz en la casa que fue de mi abuela. En esa calle Central que es como si fuera la Vía España pero sin aceras. Aquí pasan los buses piratas o no. Grandes y chicos a velocidades impresionantes rozando al peatón que tiene que arriesgarse por la calzada. Es una calle recta, no hay obstáculo a las velocidades de los autos.
¿Aceras? ¿Veredas? Hace tiempo que desaparecieron. El MOP a través de los años cada vez que ha reasfaltado la calzada para que los automovilistas tengan su “confort” sin huecos, le ha ido subiendo el nivel. Lo que antaño fue una vereda, acera peatonal,

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Veracruz. Hermosa calzada central para los carros. Nada para los peatones.

relativamente cómoda, es un foso irregular que se encharca con las lluvias. Lugar de estacionamiento de autos más que protección para el peatón. Allí donde se tiran desperdicios que quedan sin recoger.  Algunos vecinos han hecho caminitos o entradas a sus casas, limpian un poco, muchos no.

Entonces, salir a caminar para relajarse cuesta.
Cuando éramos niños, salíamos a caminar bien bañaditos después de cena, cuando ya iba anocheciendo, con la fresca. En tiempos sin alumbrado eléctrico, cenábamos temprano y la abuela llevaba siempre una linterna. Recuerdo también una lámpara de marino que no se apagaba con la brisa.
Hoy, tenemos buen alumbrado eléctrico, sin embargo, salir a caminar es toda una aventura. No solo por la “inseguridad” porque hay que competir, disputar espacio a busitos, busotes, taxis y carros particulares que en la calle Central circulan sin parar hasta la medianoche, sino tambien porque estamos, parece, en “área roja”. Ya la gente no sale por el puro gusto de salir a echar un paseo. Mejor  encerrarse en su casa. No arriesgarse afuera. Hay mucho maleante, el otro día le robaron a Fulanita que iba para su trabajo y a Mengano se le metieron en su casa y se llevaron… etc., y la policía no hace nada… Entonces, mejor no arriesgarse. Quedarse encerrada mirando series gringas o cualquier “Esto es guerra” o por el estilo.
– ¿Cómo? (exclamación de susto) ¿¡Le diste la vuelta al pueblo?!! ¿¡De noche?!
– Bueno, la vuelta completa no. Fui hasta la Iglesia, luego hasta la escuela ahí la calle que va hacia calle cuarta y tercera… llena de huecos pero tranquilísima, sin tráfico, con una brisa que no detienen ni muros ni casas apiñadas… una delicia. La brisa de Cabra, la que siempre nos refrescaba por la noche pero que ahora con las construcciones y las murallas para protegerse de intrusos ya no nos llega… o muy poca.
En una esquina de calle cuarta vi un local de capacitación técnica “cristiana”. Desde luego, con el nombre de nuestro Honorable Representante en la fachada.
Fui hasta la entrada del pueblo – entrada antigua, pues ahora el pueblo empieza en las áreas revertidas –  pasando por el cuartel de la policía que sigue siendo el de siempre, no me da la impresión que haya cambiado desde los años 50. Esa calle   ha sido históricamente ignorada por el MOP – no es la única, pero ésa, en pleno “centro”, no debería. Es como si hubiera sufrido un bombardeo. Ahora tienen ahí un cierre para que no pasen carros. Supongo que es por “seguridad” del cuartel ya que el bloqueo se encuentra a ese nivel.  En la misma calle está la junta comunal de Veracruz sede de nuestro H.R. que acaba de “saltar”. No entendí muy bien por qué ni para qué. Cosa extraña, “La flor de Veracruz”, la cantina “histórica” del lugar estaba cerrada. ¿Mucha competencia en el pueblo? Noto un nuevo Restaurante abierto las 24 horas y otro bar pub con aires de modernidad en mi misma calle. La modernidad no los llevó a prever la isolación acústica para no molestar a los vecinos. Todo lo contrario. Estoy esperando con temor la celebración del día de las madres.
Una delicia de paseo. La gente es amable y saluda al cruzarse con uno. Como antes. Uno que otro en las esquinas, observan a esta mujer rara que va andando sola con paso rápido y no con la lentitud habitual. A las 9 de la noche, con el fresco de la brisa, se puede correr o hacer el deporte que uno quiera. La bicicleta no. La falta de hombros hacen el ejercicio realmente acrobático. Algunos chiquillos juegan con sus bicis en calle adyacentes llenas de huecos.
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Ahora, al caminar, no te encuentras con los “patacones” monstruosos que se acumulaban en  años pasados. Ya mi madre no vive – por ahora – con el afán del carro de la basura, que si viene, que si no viene, que normalmente habían dicho que venía hoy pero no vino y hay que volver a meter la basura porque si no, los perros rompen las bolsas y riegan todo. Ahora los carros – buenos carros, modernos – vienen todos los días y los desechos domésticos son recogidos regularmente. Al menos en nuestro sector. Uno de mis hermanos a veces le trae su basura a mamá pues a su sector sucede que no lleguen. Está también la casa abandonada, ahora en ruinas a una cuadra de aquí que al parecer se ha convertido en muladar y refugio de ratas y gente de malas costumbres. Parece que ahí no llega la sanidad.
Hoy está nublado y mamá quiso ir caminando hasta la casa de uno de mis hermanos en el área revertida. ¿Imprudencia? No. Reivindicación de un derecho: caminar mientras le sea posible. Y ella sabe que en eso, yo la apoyo.
El comportamiento de los automovilistas fue correcto en general a pesar de que les ocupábamos su espacio: la calzada para los carros…

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