Crónica de asegurado

Hace unos días me dolió el dolor de Zoraya que sólo conozco del Twitter. Hablaba de su padre, internado en el seguro y muerto por los malos cuidados de ese servicio de salud. De su papá que vio de lejos sin poder entrar a abrazarlo. Amarrado a la cama. “Ese señor es muy terco”, le dijeron. Era su papá. Hablaba, Zoraya, entre otras cosas, de algo que no se compra ni se vende: humanidad, compasión, empatía… Léanla, está en La Prensa del 11 de abril.

Días después, ayer o anteayer, ya no sé, el tiempo vuela… Victor del Arbol, escritor español, escribía en Facebook, su agradecimiento a la Sanidad pública en España, al revés, pero el tema era el mismo: humanidad, empatía con el enfermo desamparado y asustado. Honor a los servicios de salud de su país que a pesar de las dificultades se esmeran consolando, atendiendo con esmero. Gran contraste.

El martes, Gregorio, Goyo para quienes lo conocen, se cayó en su cuarto de baño. Eso fue como a las 2:00 p.m. Los familiares lo levantaron como pudieron y lo pusieron en su cama al mismo tiempo que llamaban al servicio de urgencias del Seguro.

La sobrina que desde hace algún tiempo se encarga de sus medicinas y de acompañarlo al médico salió de su trabajo para esperar la llegada de la ambulancia y presentar todos sus documentos de asegurado en el hospital. Ella tenía el carnet de asegurado en su cartera. Le habían notificado de que no había ambulancia libre pero que en cuanto se liberara alguna, la enviarían a Veracruz por el accidentado. Cual no sería su sorpresa, al llegar al seguro,  y ver la linea de ambulancias estacionadas. Se acercó para preguntar y así se enteró de que no tenían camillas. ¡Habían traído pacientes al seguro y no les devolvían las camillas pues no había donde poner a los pacientes! Sin camillas de “repuesto”, las ambulancias se ven en la imposibilidad de rendir el servicio. ¡A esperar respirando profundo!

Finalmente, llamando al 911, el SUME, excelente, llegó como a las 7:00 p.m. a Veracruz y lo trasladó a urgencias del Seguro Social en Transísmica. Acoto que en Veracruz hay un Hospital del Seguro, en la misma calle de Goyo.

El accidentado es un adulto mayor que anda por sus 85 años o algo así. Como característica principal se puede decir que fue un hombre trabajador y lo sigue siendo a pesar de que el cuerpo ya no le obedece. Hasta ahora caminaba con dificultad pero conservaba cierto nivel de autonomía. También, el Goyo es sordo y mudo. De niño, a nadie se le ocurrió, por allá por Las Tablas donde se crió con la abuela, y en aquellos tiempos remotos, que podría haber una educación especial para ese niño que era especial como decimos ahora. Eufemismo.

Aprendió a leer. Colándose en la escuela con los hermanos mayores, según cuentan ellos. Su gran pasión es la prensa. Compra todos los periódicos que se publican a diario en Panamá. Él solo sotiene toda la edición periodística de Panamá. Es el vicio que le queda… con la lotería. Cuando joven consultaba los pronósticos para las carreras de caballos. ¡Chinguero como él solo! Se entera de todo lo que pasa en el mundo y se lo puede comentar a quienes entienden su lenguaje. Un lenguaje inventado por él y que sus allegados y familiares conocen y le permite comunicar. Nunca tuvo reales problemas de comunicación con la gente, ni en su trabajo. Salvo una vez… con un jefe nuevo.

Ahora está viejo, se ha quebrado algo, entre la cadera y el muslo. Aún no saben bien. Y lleva dos día en una camilla, en una especie de pasillo con una puerta enfrente. Ahora ya no es un niño especial. Ni un joven que a pesar de sus defectos muchos admiraron por su voluntad en el trabajo y capacidad de aprendizaje. Ahora es un viejo impertinente que no tiene la capacidad de comunicar con su entorno. ¿Quizás esté chocheando, perdiendo la cabeza o es la desesperación de no poder comunicar? No tiene otra familia que los sobrinos. Hoy, lo encontraron amarrado “porque quería bajarse de la camilla para irse” y porque “se puso violento con el personal”. Los familiares intentan convencerse de que es por su seguridad.

Así muchos panameños se quedan callados. ¿Qué más les queda? Esperan que todo saldrá bien. Desesperados, a veces… e impotentes.

Continuará (probablemente)

 

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